P. José Luis Ureta Izurieta - Descanse en paz - Goian bego.

El 7 de septiembre, a las 18 h, se tuvo el funeral por nuestro hermano, P. José Luis Ureta, en el Carmelo de Bilbao. La comunidad y la familia Ureta-Izurieta, que ha acompañado al P. José Luis sobre todo en los 9 últimos años, aquejado de ictus, y en el último mes en cuidados intensivos, agradece a todos y todas, tanto a los presentes en la liturgia como a los muchos que se unieron en la oración y por los medios de comunicación social, su cercanía y solidaridad.

En este recuerdo copiamos un texto-recuerdo del P. Ignacio Urrutia, superior de la Comunidad, la homilía tenida por el P. Luis Aróstegui, expresión de aprecio humano y religioso, de confianza, agradecimiento y esperanza, y los "bertsos" cantados por el P. Luis Baraiatzarra, que entremezclan sentimientos de amistad, sufrimiento y ánimo carmelitano.

TEXTO DEL SUPERIOR, P. IGNACIO URRUTIA

El Padre José Luis Ureta fue un buen estudiante, después de terminar la Teología, estudió Derecho civil, sociología y económicas.

Casi toda la vida, desde que llegó como estudiante de Teología, ha permanecedo aquí en el Carmelo de Begoña, excepto un tiempo corto en el que se encargó de los estudiantes carmelitas en el convento de Pamplona.

Por algún tiempo estuvo en el Colegio de Abogados de Bilbao y ejerció, por ejemplo, de abogado de oficio en los casos que en fue requerido por la administración de Justicia.

Por algún tiempo estuvo también en el Tribunal eclesiástico judicial de Bilbao.

Ha sido en varios Trienios Consejero Provincial y también Vicario Provincial.

Durante muchos años capellán casi fijo del Colegio de las Jesuitinas o Hijas de Jesús.

Trabajó como asesor jurídico, en ayuda a congregaciones religiosas, en la venta de huertas y terrenos y en la edficación de las nuevas casas.

Trabajó con Carmelitas, Padres y Madres, Carmelitas Misioneras , Jesuitinas, Auxiliares parroquiales, Brígidas, Adoratrices, etc..

En el convento nuevo de las Madres de Oviedo, de Ondarribi, de Zaldíbar, de Durango, de Marquina, en varias casa de la región de Valencia y Castellón, en Tarazona. En la casa de Oración de las Carmelitas misioneras en Zaratán - Valladolid. En las residencias de las Adoratrices, en Zaragoza, Pamplona, Bilbao. En la casa y Parroquia de los Padres de la Coruña, en cites-Ávila, Santander, Donosti. Hizo varios viajes a Roma, para asesorar al Consejo General de la Orden en obras y proyectos de la Orden en el Monte Carmelo, en Israel, cuna de la Orden carmelitana.

Muy apreciado en la casa, sereno, juicioso, elemento muy válido para una comunidad necesitada a veces de colchón que afloje las tensiones, y con sus homilías breves y muy acertadas y cálidas en la celebración de los funerales y de las misas dominicales.

P. Ignacio Urrutia.

HOMILIA, POR P. LUIS AROSTEGUI

JOSÉ LUIS URETA IZURIETA (9/12/1940 – 4/9/2020)

Rm 8,14-23; Jn 6,37-40

Deseo, deseamos, que esta celebración de despedida humana y cristiana a nuestro hermano José Luis esté envuelta en estas palabras de nuestra fe cristiana que acabamos de escuchar: “La creación está aguardando la plena manifestación de los hijos de Dios”, “la libertad gloriosa de los hijos de Dios”. Nosotros mismos “que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior aguardando la hora de ser hijos de Dios, la redención de nuestro ser” (Rm 14-23).

Y las palabras de Jesús: “Aitak emon deustan guztia neugana etorriko da eta nigana datorrena ez dot kanpora botako”. “Hau da nire Aitaren nahia: Semea ikusten dauanak eta haregan sinisten, izan dagiala betiko bizitza”(Jn 6, 37-40).

Palabras de bendición para José Luis, y de esperanza y estímulo de bien para nosotros.

José Luis nació en Meñaca el 9 de diciembre de 1940 de Casiano y Josefa. Fueron cinco hermanos y hermanas. Eskerrak emoten deutseguz gurasoei, familia guztiari, eta orduko parroki eta herriko inguruari, Jose Luisen izakeran eta bizitzan izan daben eragin onagaitik, bere bihotzean erein eben hazi onagaitik.

Entre 1951 y 1966, siguió las enseñanzas medias y los estudios eclesiásticos en la Orden de los carmelitas, profesó carmelita y fue ordenado sacerdote. Posteriormente se licenció en Derecho Civil y Ciencias Sociales, se colegió en el Colegio de abogados de Bizkaia,y ha ejercido como tal.

Esto entonces era una novedad, hecha posible por la apertura de horizontes que provocó el Concilio Vaticano II, y mostró ser de hecho un acierto, cuya trascendencia no se podía prever. Gracias a esta preparación, y a sus cualidades personales, ha prestado un servicio inapreciable a la Orden de los carmelitas en el campo de su competencia: ante todo en esta región de Euskalerria, La Rioja y Cantabria, y a otras regiones carmelitanas del Estado. También al Gobierno de la Orden en Roma. Otras congregaciones han tenido la confianza de solicitar su ayuda profesional.

Consejero nato, ha sido durante muchos años elegido para ese oficio en los gobiernos de nuestra mencionada Provincia religiosa. Pero no era necesario que fuera oficialmente elegido: los superiores del momento sabían que podían contar siempre con su consejo y dedicación.

No era un mero profesional, sino una persona acogedora que sabía que en su profesión misma estaba ejerciendo su ser religioso y sacerdote. De ahí la amabilidad, la seriedad, y la entrega con que abordaba las cuestiones propuestas, para llegar a soluciones justas y beneficiosas, a ser posible en paz y respeto de las personas afectadas. No escatimaba tiempos, viajes, esfuerzos en su anhelo de ser útil y de acertar.

Colaboró en una comisión con el Vicario General de la Orden, que ahora es obispo de una diócesis en Croacia. Al conocer su fallecimiento, ha escrito así: “Me ha entristecido la muerte del padre José Luis. Era una persona valiosa, serena, prudente y equilibrada, buenísimo para la colaboración”.

Aparte el servicio sacramental, que como sacerdote ofrecía, la profesión civil no le hizo olvidar su interés y su vocación también por el pensamiento teológico y la confrontación de la fe cristiana y de la ética con el mundo actual. Quería estar al día en la reflexión. Como anécdota: había escogido el sábado para prestar el servicio de la portería en este convento y parroquia de Begoña: decía que ese día descansaba de la semana leyendo con gozo escritos sobre estos temas.

En diciembre de 2011 sufrió el ictus que cambió abruptamente su vida. Con la movilidad muy reducida, sin poder desarrollar ya cuanto quisiera las facultades, ha tenido sin embargo una buena calidad de vida física, psíquica y moral. Su familia le ha estado muy cerca. Los muchos amigos que se ganó en su servicio y con su amabilidad, no le han olvidado, con frecuentes visitas y mensajes. Queremos agradecérselo muy de veras, lo mismo que sus esfuerzos y cuidados a los médicos, sanitarios, buenos cuidadores, que han intervenido en todo este tiempo, hasta el final.

Sin duda sobrellevaba un sufrimiento. En este tiempo, con una conciencia viva, se puede decir que se han concentrado aún más su interés y deseos en favor de los servicios misionales y otros de la Orden, como el Centro Internacional Teresiano-Sanjuanista de Ávila. La marcha de proyectos, las necesidades económicas y de personal, por las que preguntaba y quería estar informado. Se avivaba en él el deseo y a la vez el dolor de su propia impotencia para venir en ayuda de las carencias.

Como lo había hecho antes, quería y ha tratado de participar en nuestros actos y celebraciones, si encontraba medio para hacerlo. Quería expresar su afecto y unión. Siempre ha manifestado su agradecimiento por su comunidad, cuya entrega al trabajo admiraba.

No quiero glorificarle. Era una persona modesta, normal, humana, con sentido del humor, hacía las cosas con naturalidad. Tendría sus defectos. Pero es verdad cuanto he mencionado.

Ya sabemos: en este mundo todo pasa a ser recuerdo, silencio, polvo, olvido.

Pero hemos escuchado y revivido las palabras de nuestra fe cristiana: Aguardamos la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Eta “Nigana datorrena ez dot kanpora botako”. “Hau da nire Aitaren nahia: Semea ikusten dauanak, eta haregan sinisten dauanak, izan dagiala betiko bizitza”.

Uno de los últimos días en la clínica, cuando, José Luis al parecer no podía ya oír, un sobrino, Asier, le leyó una poesía de santa Teresa, nuestra madre Fundadora. Es una letra que se ha hecho internacional, traducida a muchas lenguas, se canta en encuentros internacionales:

Nada te turbe,

nada te espante,

todo se pasa,

Dios no se muda;

la paciencia

todo lo alcanza,

quien a Dios tiene

nada le falta,

solo Dios basta.

Claro que hace falta muchas cosas en la vida, como las necesitaba santa Teresa misma para sus obras. Pero finalmente todo pasa a polvo y olvido. Ante ello, no desesperes: quien a Dios tiene nada le falta. Solo Dios basta.

Luis Arostegui

BERTSOS

POR EL P. LUIS BARAIAZARRA

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