17 de octubre - Encuentro de Familia
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Encuentro anual de la Familia Carmelitana
de la Provincia de San Joaquín de Navarra.

Un año más, un numeroso grupo de miembros de la Familia Carmelitana de la Provincia de San Joaquín de Navarra se reunió en el convento de Vitoria para celebrar su encuentro anual. Frailes, monjas y seglares compartieron una jornada de convivencia, oración y celebración, concebida como un espacio para fortalecer los vínculos y profundizar juntos en la espiritualidad carmelitana.
La jornada comenzó con la acogida de los participantes y un café compartido. A continuación, tuvo lugar un momento de oración inspirado en textos de santa Teresa de Jesús, acompañados de reflexiones y cantos. Este primer espacio permitió a los asistentes iniciar el encuentro desde el recogimiento y la experiencia compartida de la fe.

La segunda parte estuvo dedicada a los testimonios. Dos seglares y una carmelita descalza compartieron diversas experiencias personales de fe. La carmelita seglar Carmen Sorrosal de Logroño compartió su experiencia de fe centrándose especialmente en la protección que la Virgen le ha mostrado a lo largo de su vida. Por su parte, Eduardo González centró su testimonio en su vida de fe en los grupos de oración teresiana (GOT). El tercer testimonio lo dio la hermana Mari Mar, carmelita descalza de Olza, quien presentó la actividad que organizan cada dos o tres meses para acercar a los participantes a la espiritualidad del Carmelo y a la riqueza de la Palabra de Dios. La iniciativa cuenta ya con quince años de trayectoria y mantiene una asistencia significativa.
Tras una pausa, llegó uno de los momentos centrales de la jornada: la celebración de la Eucaristía. La ceremonia estuvo presidida por el superior provincial, el padre Jon Korta, y fue concelebrada por una veintena de frailes. La liturgia reunió a toda la Familia Carmelitana en torno a la mesa compartida y puso de relieve el sentido de comunión que marcó el encuentro.
La jornada concluyó con la comida tradicional, celebrada en un ambiente fraterno y festivo. Este último momento ofreció una nueva oportunidad para conversar, reencontrarse y compartir la alegría de pertenecer a una misma familia espiritual, poniendo el broche final a un día de oración, testimonios y convivencia.





























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