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Una Delegación viva y llena de esperanza.


Una Delegación viva y llena de esperanza.

P. Jon Korta, Provincial.


Celebrar una Eucaristía africana siempre resulta una fiesta de la fe. La alegría y la espiritualidad vivida en comunidad sin prisas e interiorizando cada momento litúrgico hace que cada celebración sea un momento de renovación espiritual.


En ese ambiente propio africano celebramos el pasado sábado día 29 de julio la ordenación sacerdotal de nuestros hermanos Amme- Williams Chimseu y Philipe Malenga, una celebración litúrgica bien preparada por la archidiócesis de Lilongüe que pastorea nuestros hermano Mons. George Tambala.



En total fueron 9 los diáconos que recibieron la ordenación sacerdotal, 4 de ellos religiosos y 5 diocesanos. Al ser una celebración que iba a reunir a muchos familiares, amigos, religiosos y demás fieles, se pensó acertadamente en organizarlo en el Centro Don Bosco de los Padres Salesianos de Lilongüe, un amplio complejo educativo y parroquial.


La celebración tuvo lugar en las campas del centro donde los organizadores instalaron varias carpas grandes para que los asistentes pudieran estar bajo la sombra durante las más de cuatro horas que calculaban que iba a durar la celebración.


Por destacar algunos puntos de la misma, fue muy comentada la asistencia numerosa de sacerdotes y religiosos que quisieron acompañar a los diáconos. El número de concelebrantes ascendía a un centenar, entre clero diocesano y religiosos. De nuestra Delegación se hicieron presentes varios padres así como una representación de los formandos.



Como he indicado anteriormente, en África este tipo de celebraciones duran varias horas. En este caso, la liturgia procesional comenzó a las 9:30 y regresamos a la sacristía a las 14:00. Los que conocen la liturgia africana saben que no resulta pesado o largo ya que en todas las partes de la liturgia el coro entona preciosas melodías a voces y los niños realizan sus danzas en varios momentos.


La liturgia de la ordenación fue correcta y siguiendo el ritual propio. El canto de las letanías tenía una armonía viva, como el resto de las melodías, siempre en tono de gozo y de fiesta.


Al concluir la liturgia eucarística, otro momento largo fue el momento de los regalos. Cada ordenando tenía una bolsa grande donde los asistentes, comenzando por los concelebrantes, íbamos depositando nuestros regalos. En mi caso y nombre de la Provincia, los dos ordenandos carmelitas recibieron su merecido regalo.



Había familias que regalaban a los ordenandos todo tipo de regalos: comenzando por sobres con donativos hasta un colchón, maletas, alimentos y no podía faltar, incluso, una cabra, regalo que también recibió el ordenante Mons. Tambala.


La comida oficial, bien organizada por la archidiócesis y los salesianos, reunió a un gran número de asistentes. Las familias de los ordenandos, muchos de ellos personas con pocos recursos, vivieron uno de los momentos más hermosos de sus vidas. Se les notaba en sus expresiones.


Pronto terminó la comida ya que la mayoría de las familias tenían que realizar el viaje de regreso a sus tierras, viajes de muchas horas de autobús y de coches particulares alquilados para este acontecimiento.



Nuestra Delegación de Malawi sigue creciendo en número de jóvenes religiosos. En total, más de una veintena de jóvenes se encuentran en las distintas etapas de formación. Resalta el número de aspirantes y postulantes. La Delegación es parte de nuestra Provincia por este motivo seguimos acompañándoles en sus necesidades pastorales y sociales así como integrándoles aún más en la vida de la Provincia. Ahora se incorporarán a la Metrópoli dos religiosos y esperemos que, en los próximos años, varios de ellos más puedan vivir una experiencia carmelitana y de formación en algunas de nuestras comunidades.


El sol brilla en la hermosa tierra de Malawi, cuyos esplendores llegan hasta nuestras tierras. Felicidades hermanos y adelante en el camino del Señor.








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